Desde las aulas de 456, los alumnos preparan su propio desinfectante. Tal y como harían los científicos, los alumnos miden la disolución de lejía y agua a una proporción del 0,5% y hacen la mezcla correspondiente. Seguidamente, la reparten en botellas con espray que son las que usan para desinfectar las superficies utilizadas en el aula. El desinfectante se ha convertido en un elemento más del aula que se usa diariamente y, por eso, es importante saber cuál es su composición y como se prepara. Es un trabajo que hay que hacer con cuidado y precisión, puesto que la disolución tiene que ser segura y a la vez eficaz.
La preparación del mismo desinfectante es un trabajo integrador que incluye diferentes áreas de nuestro currículum: las matemáticas, la química y la vida práctica.

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