Maria Montessori defendía que la música, como el lenguaje, forma parte del entorno natural del niño/a y, por lo tanto, debe estar presente de forma cotidiana en el aula.
En los primeros años de vida, el niño/a es especialmente receptivo a los sonidos, ritmos y melodías. A través de la música, puede explorar su cuerpo, emociones y el mundo que le rodea. Además, favorece el desarrollo de la escucha activa, concentración y coordinación motriz fina y gruesa.
La música debe tratarse con respeto a través de materiales concretos, como campanas musicales afinadas, instrumentos reales y cantos suaves, siempre adaptados al momento evolutivo de cada niño y niña. De esta forma se convierte en un recurso valioso para acompañar a los niños/as en su crecimiento personal, emocional y cognitivo.

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